RESILIENCIA: 

adaptación, forma y función

Por: Ing. Jesús A. Garay

Definición

El vocablo resiliencia no es un anglicismo. Resiliencia significa volver a la normalidad, y es un término derivado del latín (del verbo resilio, resilire: “saltar hacia atrás, rebotar”). La resiliencia es la capacidad de volver al estado natural, especialmente después de alguna situación crítica e inusual. La resiliencia tiene varios significados en el ámbito de la ecología, la psicología, la física y la gestión, como también en los sistemas tecnológicos, la cultura emprendedora, el derecho y la sociología. La Real Academia Española incluye el vocablo “resiliencia” en su diccionario de la edición 23 del 2014 y lo define como “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas y la capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”.

Adaptación. Forma. Función

Resiliencia es la capacidad de recuperarse después de una perturbación o una interrupción. Un sistema resiliente es aquel que puede adaptarse a las condiciones cambiantes y mantener o recuperar la funcionalidad y vitalidad ante un estrés o un disturbio. Es decir, un sistema resiliente es aquel capaz de adaptarse a las dificultades y mantener su forma y función. 

Para un sistema sostenible, tampoco es suficiente definirlo como resistente. No confundamos resiliencia con resistencia. La resistencia muchas veces implica oponerse al cambio. Su significado tiene que ver con la acción de contraposición. En un planeta cambiante, es más importante adaptarse al cambio que resistirlo. Una telaraña puede resistir un balazo, pero una telaraña que vuelve a tejerse luego del balazo es una tela resiliente y no meramente resistente. Es una telaraña sostenible, capaz de adaptarse a los golpes y mantener su forma y propósito.

Persistencia y constancia

El término de resiliencia del medio ambiente fue conocido a partir de 1970, gracias al trabajo del famoso ecologista canadiense C. S. Holling, quien explicó, en su tratado “Resilience and Stability of Ecological Systems”, que aunque una visión cuantitativa de un sistema es esencial para determinar sus parámetros operacionales y su comportamiento dentro de un estrecho rango de condiciones extremas previsibles, esa visión cuantitativa es tan solo una manera de ver el sistema y, quizás, sea más una conveniencia perceptual que una importante realidad.

Holling sugiere que la visión cualitativa es quizás más importante que la meramente cuantitativa. Esta visión cualitativa es importante especialmente cuando el sistema bajo observación es uno profundamente afectado por cambios externos fuera de su control y continuamente presentado con lo inesperado. En este tipo de sistema, la persistencia de sus relaciones sistémicas (visión cualitativa) es más importante que la constancia de su comportamiento (visión cuantitativa).

Resiliencia ante el cambio climático

En nuestra actual Era Antropocénica(1), donde la huella del ser humano ya define nuestro Planeta, y ante las presiones causadas por el consumismo excesivo de combustibles fósiles y la explotación desmedida de nuestros bienes naturales, la resiliencia es imprescindible. Particularmente, ante las razones antropogénicas(2) de la actual inestabilidad e incertidumbre de los sistemas naturales y de las fluctuaciones extremas en magnitud y frecuencia de los eventos climatológicos.

Relativa al cambio climático, resiliencia implica adaptarnos a la amplia gama de impactos regionales y locales que se espera que ocurran con un calentamiento del planeta: más tormentas intensas, mayor precipitación, aumento en el nivel del mar, inundaciones costeras, ribereñas y urbanas, sequías más largas y más severas en algunas áreas, incendios forestales, deshielo del permafrost, temperaturas y cortes de energía.

Resiliencia y sostenibilidad

En respuesta a estas vulnerabilidades, establezcamos el diseño intencional de edificios, paisajes, comunidades y regiones para disminuir nuestra fragilidad y mantener condiciones habitables en caso de desastres naturales, pérdida de potencia u otras interrupciones en los servicios normalmente disponibles. Instituyamos la resiliencia en todos nuestros sistemas: energéticos, económicos, sociales, tecnológicos y estructurales. Insertemos la resiliencia a todos los niveles: individuos, hogares, comunidades y regiones. 

Considerando lo pertinente y crucial que es la resiliencia para la supervivencia de todo tipo de sistema, no podemos hablar de sostenibilidad si no incluimos el concepto de resiliencia en nuestros postulados. Para que un sistema sea sostenible, primero debe ser resiliente. Sin resiliencia, no hay sostenibilidad.

Demostremos nuestra resiliencia como pueblo. Fortalezcamos nuestra capacidad humana para hacer frente a las adversidades de la vida, superarnos e inclusive ser transformados y transformadas por ellas.

1 Antropoceno, está formado de los siguientes vocablos griegos: anthrōpos, ‘hombre’, y kainos, ‘nuevo, reciente’. Literalmente, algo así como “tiempo o época reciente caracterizada por el efecto de la acción humana”. La palabra Antropoceno designa a un intervalo geológico, no reconocido aun de manera oficial o unánime, caracterizado por varios disturbios ecológicos ocasionados por la acción humana, entre los que destaca la liberación de gases de invernadero (como dióxido de carbono y metano) a la atmósfera, debido a la actividad industrial en rápido crecimiento. http://etimologias.dechile.net/?Antropoceno

2 El adjetivo antropogénico o antrópico (del griego ἀνθρωπικός anthrōpikós, ‘humano’, ‘del hombre’) se refiere a los efectos, procesos o materiales que son el resultado de actividades humanas, a diferencia de los que tienen causas naturales sin influencia humana.​Normalmente se usa para describir contaminaciones ambientales en forma de desechos físicos, químicos o biológicos como consecuencia de las actividades económicas, tales como basureros, escombreras o la producción de dióxido de carbono por consumo de combustibles fósiles. https://es.wikipedia.org/wiki/Antropogénico

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