Compuestos orgánicos volátiles y su efecto en las personas usuarias de espacios interiores de edificios

Por: Dr. Fernando Abruña, FAIA Arquitecto

Ese olor a nuevo que percibimos al montarnos en un automóvil de exhibición, ese olor que permanece durante varias semanas en espacios recién pintados y el que nos impacta cuando entramos a una tienda de venta de papeles decorativos, proviene de los Compuestos Orgánicos Volátiles (conocidos como VOC’s por su abreviatura en inglés para Volatile Organic Compounds y que utilizaremos en este texto).

Estos compuestos químicos son muy variados y existen tanto en productos hechos por el ser humano como en la naturaleza. Típicamente, son gases que emanan de muchos de los materiales sintéticos a los que nos exponemos diariamente en los ambientes interiores en que nos movemos. Estos gases pueden acumular en espacios interiores concentraciones capaces de tener efectos crónicos en algunos de nosotros y, a la vez, hacerle daño a la capa de ozono, la cual nos protege de las radiaciones ultravioleta que acompañan la luz del sol. Algunas personas desarrollan alergias, expectoran y desarrollan ojos acuosos en presencia de estos gases.

Las pinturas, pegamentos de cerámica, vinil y goma, selladores, papeles decorativos, alfombras, plásticos, paneles acústicos y otros, son varios de los principales materiales que deben ser analizados con especial atención a estas emisiones. En su próximo proyecto de remodelación o construcción, exija productos con bajo contenido de VOC’s. Si no aparecen anunciados en la etiqueta, probablemente son altos en contenido y dañinos.

Es importante alertar al público lector que algunas compañías fabricantes de productos los anuncian con la etiqueta “LOW VOC’s” sin mayores datos técnicos, con el fin de desinformar y/o confundir al potencial consumidor. En ocasiones, la aseveración de que un producto es bajo en el contenido de estos compuestos se da en función relativa al contenido que tenía el producto anteriormente. Puede darse el escenario de que, aunque tenga menos contenido de VOC’s que el producto original, todavía tenga concentraciones altas de ellos. Es por esta razón que se utilizan estándares de contraste (o “baseline” en inglés) para poder hacer una comparación racional e inteligente y determinar si en efecto el producto genera bajas emisiones.

Las pinturas con bajo contenido de Compuestos Orgánicos Volátiles pueden ya conseguirse a precios muy razonables con un costo adicional de tan solo algunos centavos por pie cuadrado de pintura aplicada. Es otra la historia cuando hablamos de pinturas sin VOC’s. Esas son substancialmente más costosas que las convencionales. Un galón de pintura sin VOC’s puede fluctuar entre 40 y 50 dólares, comparado con un galón de pintura convencional cuyo precio estará entre 25 y 30 dólares.

Es de particular importancia estar conscientes de que algunos manufactureros de pintura miden sus contenidos de VOC’s en sus bases sin incluir el pigmento. Mientras más intenso el pigmento más altas serán las probabilidades de que la pintura tenga mayores concentraciones de VOC’s. Así por ejemplo, una base blanca probablemente tenga menor contenido de VOC’s que un color rosa y ésta, a su vez, menor contenido que una pintura con una intensidad de color puro, como el rojo, y, de forma general, los colores intensos de pigmentación primaria y secundaria como el, azul, amarillo, violeta, anaranjado y verde. Las pinturas de aceite, como regla general, tendrán mayor concentración de VOC’s que las pinturas sin brillo o “mate”.

De los diferentes Compuestos Orgánicos Volátiles, uno de los más dañinos es la formaldehida, que se utiliza comúnmente en la pega de laminados plásticos para muebles y gabinetes. La formaldehida en altas concentraciones es un carcinógeno y, generalmente, se manifiesta a través de ojos acuosos, dolores de cabeza, nausea y tos. No debe exceder concentraciones mayores de 0.1 partículas por millón.

Para controlar parte de las emisiones de VOC’s en los espacios interiores de los edificios, se puede llevar a cabo un vaciado de aire (“air flush out”) o hacer ensayos de los niveles de contaminantes del aire en el edificio antes de ocuparlo. Se utiliza con frecuencia el vaciado de aire cuando la ocupación del edificio no es requerida de inmediato, luego de completar la construcción del edificio. Esta estrategia supone encender los abanicos de los sistemas de acondicionamiento de aire para remover el aire interior contaminado con estos compuestos. Para ahorrar en el consumo de energía, no es necesario encender las máquinas condensadoras o compresores del sistema cuando se implanta esta estrategia. Aunque esta manera de mitigar el daño de las emisiones de VOC’s en el ambiente interior del edificio es efectiva, la misma se limita al potencial daño que pueda ocasionar a las personas habitantes de ese espacio, pero, al hacer la remoción de éstos al exterior, el daño a la capa de ozono queda sin mitigarse. Las pruebas o ensayos que se practiquen antes de su ocupación, generalmente, son más costosas y suponen un punto de muestreo por cada 25,000 pies cuadrados de espacio interior o por cada espacio contiguo. La mayor de estas dos cantidades será la norma de muestreo. Las muestras de aire deben tomarse a una altura de entre tres y seis pies, correspondiente a la zona de respiración de las personas usuarias, y durante un periodo mínimo de cuatro horas.

Para reducir la cantidad de contaminantes pestilentes, irritantes y/o dañinos al bienestar y confort de las personas usuarias e instaladoras, los selladores y pegamentos utilizados en el interior del edificio deberán cumplir con los estándares de la siguiente tabla extraída del Manual de Referencia de Certificación LEED de proyectos de Nueva Construcción del US Green Building Council.

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